He oído decir: «No podemos hacer que nuestros hijos crean. Solo darles razones para creer en lo que nosotros creemos». Pero ¿cómo lo hacemos?

El apóstol Pablo no suele ser nuestra primera opción para consejos sobre crianza. Es probable que no tuviera hijos. Los padres prefieren escuchar a alguien que ha pasado por lo mismo. Sin embargo, Pablo (o Saulo) tiene algo que enseñarnos aquí.

Saulo iba camino a perseguir a los cristianos cuando intervino Cristo. Este hombre cayó al suelo, cegado (Hechos 9:1-9). Poco después, Ananías lo visitó, le devolvió la vista y le explicó su misión: «El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad […]. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído» (22:14-15). Saulo, más tarde llamado Pablo, dio testimonio, y Dios le concedió una aljaba de hijos espirituales. Su «método de crianza» consistía en compartir lo que había visto y orar.

Ya sea criando a nuestros propios hijos o interactuando con otros, no podemos obligarlos a creer. Más bien, damos testimonio con nuestras palabras y vidas de lo que hemos visto y oído. Y oramos. Nuestro Dios, que envió a Pablo a los gentiles, nos envía con la misma instrucción: Testifica para que crean. Después, confíaselos a nuestro Padre, quien los ama.

De:  John Blase

Reflexiona y ora
¿Qué niños están en tu esfera de influencia? ¿Cómo podrías compartir tu fe con ellos?
Padre, que nuestros hijos crean en ti.