Hasta 1967, las unidades de tiempo se medían científicamente según patrones astronómicos: la rotación de la Tierra y su traslación alrededor del sol. Pero con el paso de los siglos, surgió un problema: la Tierra está desacelerando su órbita. Se descubrió que la unidad del segundo es más larga de lo que solía ser. Aunque el cambio es gradual, desde la época de Cristo, el mundo ha «perdido» un total de tres horas.

Por supuesto, Dios creó las formas en que medimos el tiempo. Los cálculos científicos pueden ser más imprecisos de lo que pensamos, pero podemos aferrarnos a las palabras de Pedro: «para con el Señor un día es como mil años» (2 Pedro 3:8). Argumentaba contra los que dudaban y se quejaban de que Jesús aún no había regresado: «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza» (v. 9). Dios obra en su tiempo para sus propósitos.

Además, el «tiempo» de Dios nace de su amor: «es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca» (v. 9). Jesús volverá, y Dios desea que todos tengan la oportunidad de ir a Él. Así expresa su amor. Mientras tanto, debemos «[procurar] con diligencia ser hallados por él sin mancha» (v. 14).

El tiempo, Dios y el amor están entrelazados: en estos últimos días, el amor de Dios es lo único seguro.

De:  Kenneth Petersen

Reflexiona y ora
¿Cómo afecta tu vidapensar en Dios y el tiempo?¿Cómo podría cambiar tu vida a la luz de esto?
Dios, ayúdame a aceptarque mis tiempos están en tus manos.