En 1692, se publicó por primera vez la obra del Hermano Lorenzo, La práctica de la presencia de Dios. Allí describe cómo invitaba a Dios a sus actividades diarias. Sus palabras siguen desafiándonos a buscar a Dios en oración en todo lo que hacemos, como cortar el césped, ir de compras o pasear el perro.

Todos los días, llevo a nuestro perro a dar un paseo. Mi objetivo es que haga ejercicio. ¿El suyo? Oler todo. Llamar a esto un paseo es una ficción. Por lo general, vamos a… detenernos. Últimamente, en lugar de frustrarme por no avanzar, le he pedido a Dios que me ayude a ver esos momentos como recordatorios de que la vida se parece mucho a pasear un perro. Experimentamos la presencia de Dios cuando le obedecemos fielmente en las tareas cotidianas, incluidas las interrupciones inesperadas.

En Proverbios 6, Salomón ofrece una lección similar con el ejemplo humilde del trabajo diligente de la hormiga: «Ve a la hormiga, oh perezoso; observa sus caminos y sé sabio» (v. 6). La usó como símbolo de trabajo diario y paciente (vv. 7-8).

Nuestra relación con Dios no debe limitarse a tiempos exclusivamente «espirituales», como la iglesia o el devocional diario. En cambio, Él nos invita a reconocer sus huellas divinas en cada actividad cotidiana.

De:  Adam R. Holz

Reflexiona y ora

¿Cuándo usó Dios algo terrenal paraayudarte a verlo mejor?¿En qué tarea cotidiana te estállamando a ser fiel?
Padre, gracias por recordarmeque formas parte de toda actividad.