José, un nuevo creyente en Jesús, revisaba frustrado las ofertas de trabajo. Sus empleos anteriores como mesero habían sido bien pagos, pero los turnos de fin de semana, típicos de los restaurantes, le dificultaban asistir a la iglesia con regularidad. «¿Por qué Dios no responde mi oración? —se lamentaba—. ¿No quiere que vaya a la iglesia?».

Pasó un año antes de que viera que debía modificar sus expectativas e intentar en otra industria, donde finalmente encontró un empleo con turnos regulares entre semana. Al agradecer a Dios, se dio cuenta de que la larga espera lo había hecho madurar en la toma de decisiones. Ese proceso también le enseñó lo que significa confiar en que Dios revelará sus planes en su tiempo.

Eso es lo que Santiago les dijo a los creyentes en Jesús que enfrentaban pruebas. Alentándolos a no rendirse, escribió: «Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales» (Santiago 1:4). El proceso de pedirle a Dios sabiduría, esperar y mantenerse firmes (vv. 5-6) no solo desarrollaría su paciencia y confianza en Dios, sino también su madurez espiritual al aprender más sobre sí mismos y sobre Él.

Esperar la respuesta de Dios puede ser difícil, pero nos hace crecer, fortalece nuestra fe y nos ayuda a comprender más profundamente lo que significa confiar en Él.

De:  Leslie Koh

Reflexiona y ora

¿Qué es lo más difícil de esperar que Dios responda las oraciones? ¿Cómo puedes obtenersu fortaleza para seguir confiando en Él?
Padre, dame paciencia.