Una de las cartas de amor más dramáticas y misteriosas fue escrita por el compositor Ludwig van Beethoven, descubierta después de su muerte en 1827. Escrita apresuradamente, está llena de líneas apasionadas como: «Mi eterna amada […], solo puedo vivir completamente contigo o no vivir en absoluto». Trágicamente, parece que nunca fue enviada y la destinataria sigue siendo desconocida.
Su carta es apreciada por lectores que se identifican con su desesperado anhelo de amor. Buscamos amor y satisfacción en personas, cosas y experiencias que nunca pueden llenar por completo. Pero mucho más grande que un romance fugaz es el amor de Dios por su pueblo del pacto, a quien mostró un amor inmenso por el bien de toda la humanidad. A través del profeta Jeremías, declaró: «Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué mi misericordia» (Jeremías 31:3). Por su gran amor, prometió un futuro de gracia y reposo (v. 2), y la restauración de todo lo roto (v. 4). A pesar de su constante rechazo y rebelión, Dios prometió llevarlo de vuelta a Él (v. 9).
Años después, ese mismo amor eterno motivó a Jesús a soportar la muerte por los pecadores, aun antes de que siquiera retribuyéramos su amor (Romanos 5:8). No tenemos que buscar el amor ni tratar de ganarlo. ¡Ya somos amados con un amor eterno!



