Emily Kenward caminaba por la calle Lavender, en Brighton, Inglaterra. Tras aceptar poco antes a Jesús como su Salvador, veía la calle de manera diferente. Notó que muchas casas tenían las cortinas cerradas y se veían pocas personas mayores, a pesar de que la zona tenía una alta población de adultos mayores. Entonces, tuvo una idea: investigó dónde vivían los ancianos de Brighton y los invitó a una merienda. Los que asistieron contaron historias similares: vivían solos y solían pasar meses sin ver a nadie. Lo que más anhelaban era una visita.

Creer en Jesús cambia la forma de responder ante el mundo y sus necesidades. Lo vemos en los tesalonicenses. Tras volverse a Dios (1 Tesalonicenses 1:9), sus vidas transformadas se habían convertido en un ejemplo de fe para otros (vv. 6-7). El apóstol Pablo destacó su «obra […] de fe» y su «trabajo […] de amor» (v. 3). La fe auténtica los impulsó a actos de servicio que honraban a Jesús.

Emily quedó tan conmovida por lo que escuchó que fundó una organización benéfica que conecta a los ancianos con visitantes voluntarios. Recuerda a una mujer que la abrazó fuertemente, llorando y agradecida. El trabajo inspiró a otros a hacer lo mismo. Me pregunto qué obras motivadas por el amor podría el Espíritu Santo inspirarnos a hacer hoy.

De:  Sheridan Voysey

Reflexiona y ora

¿Qué necesidades ves en tu comunidad? Escuchando al Espíritu e impulsado por el amor, ¿cómo las suplirías?
Espíritu Santo, ¡lléname de amor a los demás!