Como respuesta a la oración, unos fondos inesperados del seguro de Alex ya habían pagado su tratamiento dental. Ahora era necesario otro tratamiento. ¿De dónde sacaré el dinero?, murmuró Alex, preocupado.
Sin embargo, en el momento en que debía completar un depósito al dentista, llegó un regalo en efectivo de un familiar. «Me sentí avergonzado —dijo Alex—. Ya había visto cómo Dios había provisto para mí con el pago del seguro. No debería haberme quejado, sino haberle pedido ayuda».
Cuando los israelitas entraron en el desierto de Shur, acababan de experimentar la liberación de Dios en el Mar Rojo (Éxodo 14). Su ayuda milagrosa, sin embargo, parecía ahora olvidada, pues murmuraban por la falta de agua potable en el desierto (15:22-24). La palabra hebrea para «murmurar» se refiere a la rebelión contra Dios. La respuesta resentida de los israelitas fue muy diferente a la de Moisés, que pidió ayuda a Dios (v. 25). Más tarde, Dios proveyó agua a su pueblo (vv. 25-27).
En tiempos de necesidad, podemos evitar quejarnos, pidiendo ayuda a Dios como hizo Moisés. Ya sea que su ayuda venga en forma de milagros, provisión práctica, ayuda de la gente o fuerza para resistir, podemos confiar en que Él nos escucha y cuida de nosotros.
De: Karen Huang