El padre de Benjamín estaba muriendo de cáncer. Deseoso de ayudar, Benjamín lo llevó a vivir con él. A su padre le encantaban los trópicos, pero ya no podía viajar, así que Benjamín se puso creativo: diseñó un estanque detrás de su casa, lo llenó de peces e instaló una cascada. Transportó tres cargas de arena de playa, añadió plátanos, luces y antorchas tiki, y armó un toldo para dar sombra. Su padre pasó sus últimos días disfrutando de una isla paradisíaca en su propio patio.
Las acciones de Benjamín reflejan la armonía entre padres e hijos prevista en Éxodo 20. Allí, Dios instruyó a Israel a través de Moisés: «Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios te da» (Éxodo 20:12). Esa directiva surge de los mandamientos de amar y respetar a nuestro Padre celestial (vv. 3-8) y es un puente hacia los últimos cinco mandamientos, que nos enseñan a amar y respetar al prójimo (vv. 12-17).
Honrar a los padres puede resultar fácil para algunos. Para otros, es terriblemente difícil. Hay demasiado dolor y desconfianza. Las viejas heridas se niegan a cicatrizar. Podemos encomendarlos a Dios, nuestro Padre, que comprende ese dolor. Él nos capacita para vivir en su amor.







