Cerré los ojos y traté de ignorar los crujidos mientras el juego mecánico del parque de diversiones subía lentamente. Cuando se detuvo por un momento, cometí el error de espiar y me horrorizó ver la caída que estábamos por enfrentar. Volví a cerrar los ojos y grité durante todo el camino hacia abajo. Ese recuerdo de la infancia todavía me hace estremecer.
A veces, en la vida, quizá sintamos que estamos cayendo sin que nadie nos sostenga. Pero cuando la vida parece caótica, podemos encontrar consuelo al saber que Dios está con nosotros. Como creyentes, Él habita en nosotros por medio del Espíritu Santo. Podemos hablar con Él y ser guiados por las Escrituras.
Dios quiso asegurarles a los israelitas que los sostendría aun en medio de su caída por haberse rebelado. Les dijo: «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia» (Isaías 41:10). Quería que supieran que los ayudaría durante sus pruebas (v. 13). Qué alentador habrá sido para ellos saber que Dios no los había abandonado, incluso mientras vivían como prisioneros en una tierra extranjera.
Cuando nuestra vida parece fuera de control, podemos sentirnos seguros al saber que Dios está presente para ayudarnos.



