En promedio, una persona consulta su teléfono 150 veces al día. Piensa en esto un momento. Algo ha captado nuestra atención, y puede que no sea para nuestro bien. Tristan Harris lo cree. Es una de las voces de un documental con algunos de los principales nombres de la tecnología, personas que nos introdujeron en las «redes sociales». En este documental titulado El dilema de las redes sociales, sus voces hacen sonar una alarma: «Nosotros somos el producto. Nuestra atención es el producto que se vende a los anunciantes». Prestamos atención a lo que consideramos valioso o digno. Y en un sentido muy real, llegamos a adorar aquello a lo que prestamos atención.

Un dilema indica una situación en la que hay que tomar una decisión. En nuestra vida espiritual, tenemos una elección a diario: ¿A quién o a qué voy a prestar mi atención? En otras palabras, ¿a quién o a qué voy a adorar? El salmista eligió claramente: «Cada día te bendeciré [Dios], y alabaré tu nombre eternamente y para siempre» (Salmo 145:2). El versículo siguiente explica su elección: «Grande es el Señor, y digno de suprema alabanza; y su grandeza es inescrutable» (v. 3).

El salmista creía que no hay nada comparable a la grandeza de Dios, y por eso centró allí su atención. Solo Dios es digno de nuestra alabanza.

De: John Blase