El rostro siempre estuvo allí, pero nadie lo sabía. Cuando Sir Joshua Reynolds pintó La muerte del cardenal Beaufort, incluyó el rostro de un demonio en la oscuridad detrás del hombre moribundo. Reynolds representó exactamente una escena de una obra de Shakespeare, pero algunos no apreciaron su literalidad. Después de su muerte, el rostro fue cubierto con pintura y olvidado. Una reciente tarea de conservación de arte lo descubrió bajo capas de pintura y barniz.

La Biblia habla de una realidad espiritual que el ojo no puede ver, donde Dios reina supremo. Cuando un «poderoso ejército» enemigo rodeó a Eliseo, su sirviente sintió miedo y preguntó: «¿Qué haremos?». Él respondió: «más son los que están con nosotros que los que están con ellos». Y luego oró: «Te ruego, oh Señor, que abras sus ojos para que vea». De repente, el sirviente «miró; y […] el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo» (2 Reyes 6:14-17).

Los caballos y los carros representan seres angelicales enviados para proteger a Eliseo. Este pasaje de la Escritura resalta la alentadora verdad de que, en un mundo donde arrecia la guerra espiritual, Dios sigue velando por nosotros. Qué bueno es saber que nada «nos podrá separar» de su amor (Romanos 8:39).

De:  James Banks

Reflexiona y ora

¿Cómo cuida Dios de ti?¿De qué manera le agradecerás?
Padre, te alabo porquenada puede separarme de tu amor.