El actor Denzel Washington animó a un grupo de jóvenes actores a empezar cada día con una oración, sugiriéndoles que «por la noche metan los zapatos muy debajo de la cama» para asegurarse de que «tengan que ponerse de rodillas por la mañana».
Aunque un hábito de oración puede requerir constancia, ha sostenido al pueblo de Dios a lo largo de la historia. Lo vemos en la vida de Daniel, que sirvió en el reinado de Darío. Rápidamente, fue distinguido como asesor del gobierno, lo cual enfureció a los otros funcionarios (Daniel 6:3). Por celos, tramaron exiliar al profeta, pero vieron que la única acusación que prosperaría era la relacionada con la devoción de Daniel a «la ley de su Dios» (v. 5). Aun cuando los funcionarios engañaron al rey para que prohibiera la oración a Dios, Daniel, «como lo solía hacer antes, continuó […] orando». (v. 10).
Una vida de oración fue esencial para que Daniel experimentara la fuerza y la paz sustentadoras de Dios (Salmo 29:11). Lo ayudó a triunfar sobre las fuerzas que querían destruirlo. Asimismo, establecer un tiempo regular para reunirse con Dios en oración y convertirlo en una prioridad diaria puede ayudar a cultivar nuestra relación con Él. Durante cada dificultad, es su fuerza la que nos sostendrá.







