Cien dólares… la factura de servicios de Loretta era mucho más alta de lo habitual. «Pero el Señor proveerá», le dijo a su hijo. Ese mismo día recibió un mensaje de texto de su hermano menor: «Loretta, siempre me alientas y quiero agradecerte. Te mandé algo por correo». Esa tarde, encontró una tarjeta de regalo de su hermano por cien dólares. ¿Un milagro? Tal vez no para algunos, pero a ella, la «coincidencia» le pareció milagrosa.

Su perspectiva resalta una lección en la historia de la resurrección de Jesús. Después del día de reposo, tres mujeres llevaron especias para ungir el cuerpo de Jesús en la tumba. Pero mientras iban, no esperaban un milagro sino un problema: «¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?» (Marcos 16:1-3).

Su pregunta implicaba curiosidad y duda, especialmente viniendo de estas mujeres —incluida María Magdalena— que habían viajado con Jesús y presenciado su poder. Sin embargo, esa mañana todas buscaban a un Jesús muerto.

En cambio, les dijeron: «ha resucitado, no está aquí» (v. 6). Esto explica lo que podemos esperar del Jesús viviente: el poder milagroso de su resurrección. Jesús está vivo. Cuando enfrentemos «piedras pesadas» que necesiten ser movidas, Él estará con nosotros y nos ayudará. No está en una tumba. ¡Resucitó!

De:  Patricia Raybon

Reflexiona y ora

¿Alguna vez viste a Dios obrar de manera asombrosa? ¿Qué significa para ti experimentar el poder de la resurrección de Jesús?
Jesús, estás vivo y necesitamos tu poder.