El 9 de diciembre de 1987, una ardilla mordisqueó un cable eléctrico en Connecticut, y el vasto engranaje financiero del NASDAQ se apagó. Algunas de las corporaciones más grandes del mundo quedaron paralizadas durante casi una hora y media. Todo por culpa de un peludo roedor tenaz.
Las Escrituras narran muchas historias sobre algo o alguien pequeño que genera un gran impacto. Pero Dios puede convertir lo insignificante en algo poderoso. Juan relata cómo Jesús alimentó a una multitud hambrienta (cinco mil hombres, probablemente quince mil incluyendo mujeres y niños) cuando un muchacho entregó su pequeño almuerzo: «cinco panes […] y dos pececillos» (Juan 6:9). El Antiguo Testamento describe cómo el joven pastor David confió en Dios y mató a un gigante (1 Samuel 17). Y Cristo repitió con insistencia que el reino de Dios es como un grano de mostaza, «la más pequeña de todas las semillas» (Mateo 13:32).
Al reflexionar sobre las complejas crisis mundiales y las desconcertantes preocupaciones en nuestras comunidades y familias, podemos ser tentados a creer que nuestros esfuerzos aparentemente pequeños carecen de poder. Pero las Escrituras nos llaman a actuar con confianza, sabiendo que, con la ayuda Dios, lo pequeño puede volverse poderoso (Juan 6:10-12).



