Un padre se enteró de que su hija de cinco años había caído por la borda desde el crucero en el que viajaban y se lanzó al océano para rescatarla. Se aferró a ella mientras se mantuvo a flote por más de diez minutos, hasta que el equipo de rescate del barco los llevó sanos y salvos a bordo. En cuanto el padre supo que su hija estaba en peligro, arriesgó todo para salvarla.
A lo largo de la Biblia, leemos cómo el amor de nuestro Padre celestial lo impulsó a darlo todo para rescatarnos de ahogarnos en nuestro pecado. Declaró por primera vez su plan divino de rescate en el huerto de Edén. Después de que Adán y Eva, tentados por la serpiente, pecaron, Dios maldijo a la serpiente, diciendo: «pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar» (Génesis 3:15). Este versículo se refiere a la batalla espiritual entre Satanás y los hijos de Dios, y cómo en el tiempo señalado Él enviaría a su Hijo, Jesús, para redimir al mundo mediante su muerte sacrificial y resurrección.
Dios ha estado listo para salvarnos mucho antes de que nos diéramos cuenta de que necesitábamos su ayuda. Cuando sintamos que nos hundimos en un océano de pecado, podemos clamar a nuestro salvavidas divino. Él nos rescatará y restaurará.
De: Nancy Gavilanes







