Mi papá era un hombre muy trabajador, pero no era hábil con las reparaciones. A veces, cuando el tractor, la caldera o la plomería fallaban, algún vecino o amigo venía a arreglarlo. Papá ofrecía pagarles, aunque sabía que no podía afrontar lo que realmente merecían. Pero ellos no aceptaban nada; simplemente les encantaba ayudar. «Gracias —les decía él—, hasta que te paguen mejor». Aún no estoy segura de qué quería decir. Tal vez él u otra persona hicieron algo por ellos más adelante.
Un día, los creyentes en Jesús que sirven a otros por amor a Él serán recompensados. Quizá esa sea una forma de «hasta que te paguen mejor». Jesús les dijo a sus seguidores: «haceos tesoros en el cielo» (Mateo 6:20). Hacer el bien a los demás puede ser una manera de hacerlos. Y dijo que no debemos anunciarlo con «trompeta», para que no sea toda la recompensa que recibamos (v. 2). Podemos confiar en que Él nos ve. El libro de Hebreos afirma: «Dios no [olvidará] vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún» (6:10).
No servimos por las recompensas, sino porque Jesús nos ama; y en respuesta, expresamos nuestro amor y alabanza hacia Él. ¡Qué bendición será escuchar a Dios decir: «Bien, buen siervo y fiel» (Mateo 25:21, 23).



