Además de asistir a ceremonias y firmar políticas tras prestar juramento, al asumir, los presidentes de Estados Unidos se enfrentan a una fría realidad: comienzan a planificar su propio funeral. De ese modo, el país estará preparado para los servicios memoriales cuando mueran. Los historiadores escribirán sobre su legado, pero los presidentes pueden decidir sobre los aspectos personales y tradicionales de sus funerales, y cómo los recordarán.
La muerte es una realidad cruda que todos debemos enfrentar. El rey Salomón, quien buscó el sentido de la vida en el placer, el trabajo y el conocimiento, y no encontró satisfacción, dijo: «Es mejor asistir a un funeral que presentarse en un banquete» (Eclesiastés 7:2 rvc). Las situaciones difíciles ofrecen más perspectiva que los momentos felices. Si enfrentamos la realidad de la muerte, podemos prepararnos mejor para lo que venga. El versículo agrega: «nuestra vida termina con la muerte y los que vivimos debemos recordarlo». Debemos prepararnos.
La preparación viene al recibir el perdón de los pecados por medio de Jesús, quien murió por nosotros y resucitó. Todos morimos porque la muerte entró cuando el primer hombre, Adán, desobedeció a Dios; y nosotros hemos seguido sus pasos. Pero «en Cristo todos serán vivificados» (1 Corintios 15:22).




