En 2018, un hombre reservó una habitación de hotel en Nueva York por una noche. Sorprendentemente, se quedó cinco años más sin pagar, aprovechando las confusas leyes de alquiler. Sin embargo, terminó con una posible pena de prisión.

Como un inquilino inoportuno que se queda más de la cuenta, Santiago nos advierte que el diablo permanece en nuestras vidas si no se lo controla. «Resistid al diablo», escribe, «y huirá de vosotros» (4:7). El apóstol subraya que nuestras luchas a menudo proceden de nuestros «malos deseos» y «malas intenciones» (vv. 1, 3 ntv); cosas como el orgullo, lealtades divididas y pensamientos impuros. Para contrarrestar esa tentación, Santiago indica: «someteos […] a Dios» y «resistid al diablo» (v. 7). Someterse significa entregar cada parte de nuestra vida a Dios. Resistir al diablo exige oración, cuidado y la sabiduría de las Escrituras.

Como un casero que desaloja a un inquilino ilegal, con la fuerza de Dios podemos negarnos a que nos venza la tentación del diablo. Si lo resistimos, «huirá de [nosotros]» (v. 7).

Cuando desalojamos el pecado y la influencia del diablo, y nos acercamos a Dios (v. 8), permitimos que su paz, gozo y propósito habiten en nosotros. ¡El enemigo no puede permanecer donde reina Dios!

De:  Marvin Williams

Reflexiona y ora
¿Qué puedes hacer para eliminar de tu vida a los «inquilinos indeseados»? ¿Cómo ayuda someterse a Dios?
Señor, ayúdame a mantenerme firme contra las artimañas del enemigo.