Si quieres hacer sonreír a Jaime, pregúntale por sus abejas. Es apicultor. Aunque nuestras reuniones en su casa no son sobre abejas, no es raro que las lecciones de «apicultura» sean una parte estimulante de nuestras conversaciones. Pero aún mejor que hablar de abejas es el sabor fresco y dulce de la miel dorada que producen sus abejas. ¡Mmm, mmm, deliciosa!
En el Salmo 119:103, el salmista exclama: «¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca». Un examen más detallado de los versículos 97 a 104 revela que la comparación con la dulzura de la miel es solo una de varias frases que el escritor utiliza para resaltar el valor supremo de las Escrituras: «Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos» (vv. 98-100). En resumen, abrazar de todo corazón lo que Dios ha revelado a través de su Palabra nos posiciona para vivir bien en este mundo.
De manera similar, los seguidores de Jesús, el Verbo viviente (ver Juan 1:1-14), reciben poder del Espíritu Santo para vivir honrando a Dios y cumpliendo sus propósitos.







