Raquel «fue de iglesia en iglesia» durante tres años hasta encontrar un grupo de estudio bíblico que le brindara lo que no podía hallar en muchas de ellas: comunidad. Raquel es sorda. En todo el mundo, muchas de estas personas enfrentan desafíos similares para congregarse. Su iglesia fomenta la comunidad viendo juntos un servicio para sordos en YouTube, conversando sobre la enseñanza y compartiendo una comida. El pequeño grupo le brinda la familia espiritual que ella anhela.
Pablo explica lo que hace de la iglesia una comunidad: la comunión del Espíritu Santo. Escribiendo desde la prisión, su esperanza era fortalecer la unidad espiritual en la congregación en Filipos que él había formado y amado.
Los instó: «[Estén] firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes» (Filipenses 1:27). Y añadió: «si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, […] completad mi gozo, sintiendo lo mismo» (2:1-2).
Así que, sean generosos, dijo, «no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros» (vv. 3-4). Estas sabias palabras pueden guiar a todas las familias de la iglesia. Por el poder del Espíritu Santo de Dios, nuestras comunidades pueden servirle en comunión armoniosa unos con otros.







