Un empleado de un restaurante encontró a un hombre inconsciente junto a un contenedor de basura. Quemado por el sol, con picaduras de hormigas y signos de traumatismo, no recordaba quién era. Más tarde, se autodenominó «Benjamin Kyle», y vivió en un limbo durante más de una década. No podía trabajar, recibir beneficios ni recuperar su pasado. Su sanación comenzó cuando un grupo de desconocidos lo ayudó a redescubrir su identidad mediante pruebas genéticas e investigación. «Tengo una historia —dijo—. No soy simplemente un extraño que apareció de la nada».

La historia de Rut en la Biblia también puede considerarse una pertenencia redescubierta. Tras perder a su esposo y dejar su tierra natal, decidió unirse a su suegra Noemí y a su pueblo. Dijo: «dondequiera que tú fueres, iré yo […]. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios» (Rut 1:16). Rut vinculó su identidad y destino al de Noemí y su gente, en vida y en muerte. Estaba «resuelta a ir con ella» (v. 18); y así, entró en la historia redentora de Dios y se la recuerda para siempre como parte del linaje de Cristo (4:18-22; Mateo 1:3-5).

Cuando el dolor de la vida nos deja desorientados, Dios suele usar a otros creyentes en Jesús para reconectarnos con nuestra identidad más auténtica. En Él, somos amados y conocidos.

De:  Marvin Williams

Reflexiona y ora

¿A quién está utilizando Dios para recordarte quién eres? ¿Qué significa ser conocido por Él?
Dios, que recuerde quién soy en ti.