Por turismo, un piloto y sus dos hijas despegaron de Soldotna, Alaska, pero su pequeño avión nunca llegó a su destino. Varios pilotos comenzaron a buscar el avión desaparecido, hasta que Terry Godes divisó los restos casi sumergidos en un lago parcialmente congelado. Los tres miembros de la familia estaban parados sobre las alas del avión, tras permanecer allí durante horas. Felizmente, fueron rescatados. Godes sacrificó su tiempo y recursos por otros, lo que llevó a salvar vidas. Con humildad, dijo sobre sus esfuerzos: «Solo fui el que vio el avión primero».

El rey David sacrificó mucho por el pueblo de Israel, incluso luchó para salvarlos de sus enemigos (1 Crónicas 14:8-17). Luego escuchó del profeta Natán que, a través de su linaje, «su trono [sería] firme para siempre», como se cumplió en Cristo (17:14; ver Lucas 1:30-33). Y respondió con humildad: «¿quién soy yo, y cuál es mi casa, para que me hayas traído hasta este lugar?» (1 Crónicas 17:16). Sabía que Dios, en su voluntad, había establecido su vida (v. 19), y planeado, en última instancia, la obra de rescate y redención para David y su pueblo (vv. 20-22).

Jesús «se humilló a sí mismo» e hizo el sacrificio supremo por nosotros (Filipenses 2:8). Con su ayuda, sacrifiquemos nuestras vidas humildemente por los demás.

De:  Tom Felten

Reflexiona y ora

¿Por qué es tan importante la humildad ante Dios? ¿Qué significará para ti sacrificarte humildemente por otros?
Dios, ayúdame a sacrificarme con humildad.