Un famoso atleta se sentó derecho en su asiento mientras se preparaba para volar hacia el campeonato que sabía que ganaría. Una azafata pasó y le dijo: «Señor, por favor, abróchese el cinturón de seguridad». El hombre sonrió: «Superman no necesita cinturón de seguridad». Ella respondió sin titubear: «Superman no necesita avión. Abróchese». Y él lo hizo.

El éxito puede inflar nuestro ego. Creemos que podemos cuidarnos solos. Si trasladamos esta actitud a la iglesia, somos como el ojo que le dice a la mano: «No te necesito», o la cabeza que le dice a los pies: «No los necesito» (v. 21 RVC). Lo cierto es que cada parte del cuerpo es necesaria, y «los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios» (v. 22).

Fuimos creados a imagen del Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo, que se enriquecen en una comunidad interdependiente de amor. El Dios que existe en perfecta relación consigo mismo nos hizo para que vivamos en relación con otros, tanto en la vida como en la iglesia. No somos todos iguales —y esto es bueno—, pero todos somos «indispensables» (v. 22 nvi).

¿Quiénes te ayudan en tu iglesia, el cuerpo local de Cristo? Diles que los notas y agradéceles por su servicio. Y pídele a Dios que te muestre dónde puedes servir a otros creyentes.

De:  Mike Wittmer

Reflexiona y ora
¿Por qué Dios nos creó para que necesitemos a otros? ¿A quién puedes agradecerle por su servicio para ti?
Jesús, dame poder para servir a otros donde me colocaste.