La mujer subía con cautela cada escalón de la iglesia para el servicio de esa noche. Cuando se detuvo por el dolor o la falta de aire, un hombre que pasaba le dijo: «Un paso a la vez. Es la única manera de lograrlo. Tómalo con calma». Su intención fue animarla, y quizá le dio el impulso que necesitaba para llegar hasta arriba. Eso también alentó mi alma cansada durante mi visita aquella noche.
En nuestro andar de fe, podemos ser tentados a abandonar cuando el sendero parece demasiado largo o difícil. Pero en esos momentos, podemos hallar consuelo en las palabras del profeta Isaías para confortar a los israelitas: Dios finalmente los redimiría de sus décadas de cautiverio en Babilonia. Y les recordó que el Dios todopoderoso, creador de los cielos y la tierra, no era como los ídolos impotentes (Isaías 40:18-20); que «no se fatiga con cansancio» y fortalece al débil» (vv. 28-29). «Los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán» (v. 31).
Nosotros podemos recibir fuerza del mismo «Dios eterno» (vv. 28-29) en quien ellos confiaban. Andemos por fe día a día y un paso a la vez. Al seguir esperando en el único Dios verdadero, Él nos ayudará a caminar, correr y volar para su gloria.







