En 1869, comenzó la construcción del Puente de Brooklyn en la ciudad de Nueva York. Poco después, el ingeniero jefe Washington Roebling se enfermó gravemente. Su esposa, Emily, intervino para ayudar. Estudió sus planos, revisó especificaciones e instruyó a sus asistentes. Apoyó a su esposo en todo lo que pudo, y cuando el puente se inauguró en 1883, ella lo cruzó en el primer carruaje. Su esposo elogió el «talento extraordinario» de ella y «su profundo conocimiento del trabajo y de los planos».
Ese trabajo en equipo es hermoso; el secreto de las tareas más significativas de nuestra vida. Salomón explicó en Eclesiastés la base del trabajo colectivo: «Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero» (4:9-10). Y Pablo dijo que debemos considerar el trabajo en equipo como clave para la obra de la iglesia: «son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo» (1 Corintios 12:20). Y explicó que no debe haber «desavenencia en el cuerpo» (v. 25), sino que todos deben servir juntos y cuidarse.
En nuestro trabajo, familia o iglesia, nadie está solo. Nos necesitamos cuando alguno tropieza y al combinar nuestros talentos. El trabajo colectivo es vital para cumplir lo que Dios quiere que hagamos.
De: Dave Branon







