Mi teléfono inteligente a veces me recuerda que no soy bueno en la limpieza digital. «Elimina los archivos basura que están ocupando espacio», dice el mensaje. No me gusta que mi teléfono me insista, pero si borro esos archivos, tengo más espacio para lo que realmente importa. Por ejemplo, en la competencia de natación de mi hija, tendré suficiente almacenamiento para grabar un video cuando gane, en lugar de darme cuenta inesperadamente de que esos «archivos basura» sabotearon mi capacidad de capturar el momento.
Los archivos basura en los teléfonos son fáciles de eliminar. Pero ¿qué pasa con los «archivos basura» en el alma? Como en los teléfonos, nuestras almas pueden estar obstruidas con cosas que nos impiden florecer espiritualmente. El autor de Hebreos entendía esta realidad y nos insta a prestar mucha atención a todo lo que nos hace tropezar en nuestro andar con Dios. «Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia», escribe, y nos desafía: «corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante» (Hebreos 12:1).
¿Qué te pesa o te hace tropezar? Hebreos nos anima a fijar «los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe» (v. 2), que puede ayudarnos a identificar y eliminar los «archivos basura» que obstaculizan nuestra vida abundante en Él.







