El techo del Banqueting House en Londres es magnífico. Fue pintado por Sir Peter Paul Rubens entre 1629 y 1634 por encargo del rey Carlos I para glorificar el reinado de su familia. En una de las pinturas, la diosa Minerva celebra los logros del padre de Carlos, el rey Jacobo I. En otra, Jacobo es llevado al cielo sobre las alas de un águila. Al mirar el techo, los invitados a los banquetes recibían un mensaje claro: reyes como Carlos y su padre eran virtualmente divinos.

En la época del profeta Isaías, el rey de Babilonia se consideraba de forma similar: deseaba subir «al cielo» y sentarse «en el monte del testimonio», donde se creía que reinaban los dioses (Isaías 14:13). Pero Isaías profetizó que este rey caería (vv. 3-4), «a lo más profundo del sepulcro» (v. 15 rvc), sin siquiera ser recordado (vv. 18-19). Carlos I tuvo un destino similar. En un giro irónico, fue llevado bajo ese mismo techo, que representaba su supuesta divinidad, antes de ser ejecutado frente al Banqueting House en 1649.

Esta triste realidad se ha repetido a lo largo del tiempo: las personas poderosas que se atribuyen gloria divina descubrirán un día cuán humanas son. Solo hay Uno digno de reinar desde el cielo; y todo el poder, la gloria y el honor le pertenecen a Él (1 Crónicas 29:11).

De:  Sheridan Voysey

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¿Por qué crees que gobernantes históricos se declararon divinidades? ¿Cómo se diferencia la actitud de Jesús a la de ellos?
Padre celestial, ¡solo tú eres Dios!