El director de la empresa dañaba a los empleados con su lengua afilada. Todos le tenían miedo, incluso Gabriel. Pero un día, el director reprendió a una nueva empleada, haciéndola llorar; entonces, Gabriel la defendió.
«Le dije que estaba mal cómo trataba a la gente», recuerda Gabriel. «Se quedó atónito; era la primera vez que alguien lo enfrentaba. No cambió, pero me alegro de haber hablado».
Las Escrituras nos hablan de otro hombre que enfrentó un desafío que muchos temían. Dios utilizó a Samá, guerrero militar de David, para derrotar a los filisteos. «Los filisteos se habían reunido en […] un pequeño terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos» (2 Samuel 23:11). Solo Samá tuvo el valor de defender el suministro de alimentos de Israel. Ser el único hombre contra el ejército filisteo significaba la muerte, pero Samá «se paró en medio de ese terreno y lo defendió» (v. 12 RVC).
Dios lo ayudó a derrotar a los filisteos (v. 12). Tal vez era el único israelita en el campo de batalla, pero no estaba solo: Dios estaba con él, y le dio una gran victoria. Puede haber ocasiones en las que se nos llame a enfrentarnos a un desafío que todos los demás evitan. Como Samá, parémonos firmes, confiando en la presencia y la ayuda de Dios.







