El salvavidas búlgaro Yane Petkov obtuvo un récord mundial por nadar con manos y pies atados. Recorrió 3.380 metros, pero añadió algo para intensificar el desafío: envolvió su cuerpo en un saco.
La paciencia y la fuerza necesarias para seguir avanzando a pesar de estar tan «atado» me asombran. El apóstol Pablo también mostró una firme resistencia frente a los obstáculos mientras servía a Dios en los días de la iglesia primitiva. A pesar de enfrentar fatiga, hambre, desvelos y azotes, continuó predicando y escribiendo cartas de ánimo e instrucción a sus hermanos en la fe.
Pablo le escribió su última carta a Timoteo cuando estaba aislado en una prisión romana. Aunque las cadenas restringían su cuerpo, señaló que la buena noticia no podía seguir «presa» (2 Timoteo 2:9). Y agregó: «Por tanto, todo lo soporto» para que otros oigan y acepten la verdad acerca de Jesucristo (v. 10).
Dios puede ayudarnos a soportar cualquier dificultad mientras le servimos. Las limitaciones físicas como enfermedades, lesiones y discapacidades requieren cuidado y atención, pero no pueden superar el poder de Dios, que se perfecciona en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9). Demos gloria a Dios cuando Él obra a través de nosotros para hacer cosas que no podríamos lograr por nuestra propia fuerza.







