Las libélulas son insectos diminutos con algunas de las capacidades de vuelo y resistencia más asombrosas. Sus habilidades aéreas se han estudiado para mejorar la tecnología de vuelo. Recientemente, se ha descubierto que, gracias a que sus alas baten treinta veces por segundo y sus ojos procesan la increíble cantidad de doscientas imágenes por segundo, una libélula que ha caído boca arriba puede enderezarse en apenas 0,2 segundos.
La creatividad y la sabiduría de Dios se muestran en toda la naturaleza. En el libro de Job, el protagonista lucha por reconciliar su sufrimiento con la bondad y la justicia de Dios. Dios le responde preguntándole: «¿Conoces acaso las leyes de los cielos? ¿Puedes controlar su potestad en la tierra?» (38:33 rvc); y comienza a describir muchos animales, desde aves y cabras hasta los depredadores más grandes del mundo. Sabe lo que cada animal necesita para sobrevivir y conoce el clamor hambriento de sus crías (38:39-41). Dios le ha dado a cada uno características particulares, como la velocidad del avestruz o la fuerza del buey, para que pueda prosperar.
Podemos confiar en que el Dios omnisciente que diseñó estas criaturas es el mismo que sabe cómo llevarnos de la noche más oscura a la luz y el gozo de su presencia.







