Una vez, Shiro Oguni visitó un hogar para adultos con demencia senil. Conmovido por su aislamiento, sintió que debía existir algo mejor. Su genio creativo dio origen a lo que se conoce como el Restaurante de los pedidos equivocados, un restaurante real en el cual todo el personal de servicio lucha con la pérdida de memoria. Sí, leíste bien. Cada persona en ese rol clave, que requiere buena memoria, sufre precisamente en esa área. Ahora bien, desde la perspectiva de los negocios, los resultados fueron pobres, pero los clientes esperan tales problemas, así que comprenden. Esas «sorpresas» van seguidas de disculpas y risas sinceras, y los comensales se van felices.
Pablo escribe: «sean […] pacientes» (Efesios 4:2 rvc); y todos sabemos que es mucho más fácil decirlo que hacerlo porque implica soportarse unos a otros; una palabra que significa desde «cargar» hasta «tolerar» o «apoyar». En otras palabras, requiere esfuerzo. Pero si ese esfuerzo se nutre del amor de Dios en lugar de nuestra propia fuerza, la carga es menor y lleva a una forma de vivir más divertida, llena de sorpresas, disculpas e incluso risas; una en la que quizá no recibas lo que pediste, pero terminas recibiendo lo que todos realmente queremos: una vida «digna del llamamiento […] recibido» (v. 1 lbla).







