agradamos a Dios e inspiramos a otros. Salomón dice que Dios se deleita en ella: «Al Señor le repugnan los labios mentirosos; pero le agradan los que dicen la verdad» (Proverbios 12:22 rvc). Usa un lenguaje fuerte: Dios detesta la deshonestidad. Cuando sus hijos mienten o «engaño hay en [su] corazón» (v. 20), eso lo desafía y contradice su carácter, pero cuando tienen labios veraces (v. 19) y obran con fidelidad, eso lo alegra. Así que, tratar bien a los demás es más que decir la verdad, es reflejar el carácter de Dios. En un mundo donde el engaño puede parecer rentable, nuestra integridad es algo que genera «su contentamiento» (v. 22).
Comprometámonos a ser íntegros. Aunque el mundo no lo note, Dios se alegra cuando andamos en sus caminos.




