El anolis acuático puede permanecer bajo el agua veinte minutos sin tomar aire. Este lagarto tiene una piel que repele el agua, y tras sumergirse, exhala una burbuja de aire que se le pega al hocico. Vuelve a respirar la burbuja una y otra vez, «reciclando» el suministro de aire atrapado. Aunque los anolis acuáticos poseen esta capacidad especial, deben respirar para vivir.
En Génesis 2, leemos que Dios «sopló en [la] nariz [de Adán] aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente» (v. 7). Así como creó todas las cosas, también creó al hombre del «polvo de la tierra» (v. 7). Pero fue necesario el aliento de vida de Dios para que su creación cobrara vida. Transformó al primer ser humano en un ser vivo, un alma viviente. Más tarde, formó a Eva a partir de la costilla de Adán (v. 22). Como seres espirituales, podemos disfrutar de la comunión con Él al creer en Cristo. Jesús «sopló» sobre los discípulos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo» (Juan 20:22). Un comentarista escribe que esta «“inhalación” del Espíritu Santo es esencial para disfrutar de la comunión con Dios».
Cada aliento que tomamos es un regalo de Dios de vida física. Como creyentes en Jesús, también es un reflejo de nuestra vida eterna y de que el Espíritu vivificante mora en nosotros (Romanos 8:11).







