Cuando falleció mi bisabuela Clara, su lista de oración de más de tres metros de largo se convirtió en una reliquia familiar. Tenía nombres mecanografiados de muchos parientes, amigos, amigos de amigos, además de evangelistas, pastores y ministerios. Nuevos miembros de la familia y peticiones específicas estaban escritos a mano en los márgenes. Me emocioné al ver el nombre de mi madre en la lista, añadido cuando ella era apenas una niña.

El apóstol Pablo le escribió a la iglesia primitiva: «Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración» (Romanos 12:12). Exhortó a los creyentes a mostrar el amor en acción: honrar a los demás por encima de uno mismo (v. 10), servir apasionadamente a Dios (v. 11) y practicar la hospitalidad (v. 13). Aquí es donde aparece la oración fiel. Pablo les pidió: «os ruego, hermanos, […] que me ayudéis orando por mí a Dios» (15:30). En su lista, había peticiones específicas: protección contra los opositores y una buena recepción en Jerusalén (vv. 31-32). Tal vez esas peticiones también terminaron en la lista de oración de alguna bisabuela en Roma.

La oración nos capacita para vivir «[venciendo] con el bien el mal» (12:21). Aunque no siempre veamos los resultados, crea un legado de fidelidad para las generaciones siguientes.

De:  Karen Pimpo

Reflexiona y ora

¿Cómo han orado otros por ti? ¿Quién o qué está en primer lugar en tu lista de oración?
Dios, ayúdame a ser fiel en la oración.