Tras las inundaciones del huracán Helene, que estuvieron a punto de arrasar su pueblo de Carolina del Norte, un pastor comenzó a notar algo inspirador: los donativos aparecían exactamente cuando los necesitaba. ¿Cargadores de teléfono? Un hombre llegó con un generador y creó una estación de recarga en la iglesia. ¿Agua potable? De la nada, llegaron palés de botellas de agua.
¿Coincidencia? La Biblia nos señala a Dios, no la mera casualidad: «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4:19). La promesa podría parecer vacía para una ciudad casi demolida por un muro de diez metros de agua. Pero Pablo, que estaba en la cárcel cuando ofreció este aliento, no era ajeno a las dificultades.
Escribió a la iglesia de Filipos para darle las gracias por sus donativos. Dios los había utilizado para suplir sus necesidades. Sus palabras señalaron a Dios, quien nos concedió sus «riquezas en gloria» en Cristo Jesús, nuestro Salvador, en quien recibimos «toda bendición espiritual» (Efesios 1:3). La alegría, la paz, la verdad y la salvación son algunas de las cosas que Él nos brinda. En su bondad, Él proveerá un trago de agua también, si lo necesitamos. Qué Dios tan amoroso y generoso.







